jueves, 15 de febrero de 2007

Entrevista con Jesús Aller: El objetivo del budismo es desenmascarar la mentira y eliminar el sufrimiento que genera


Eduardo García Fernández
Rebelión
Jesús Aller hace compatible su actividad como profesor de geología en la Universidad de Oviedo con una producción literaria de registros bastante variados. Tras los viajes por Asia descritos en Asia, alma y laberinto (2002), Recuerda (2004) supuso el retorno a un lenguaje fundamentalmente poético, y una búsqueda de identidad en la que el budismo jugaba un papel importante. Este libro puede descargarse en su página personal (http://www.jesusaller.com/). No obstante, es en su última obra, Subhuti (2006), publicada al igual que las anteriores por la editorial gijonesa Llibros del Pexe, donde el acercamiento al budismo se ha hecho más evidente. Planteado como traducción de un viejo manuscrito que narra la vida de un monje indio de hace muchos siglos, Subhuti parece centrado sobre todo en una reflexión sobre el potencial emancipador del budismo y su capacidad de alumbrar una mentalidad nueva.
En sus últimos libros hay una reflexión sobre la capacidad liberadora del budismo. ¿Se considera usted budista?
Creo que deberíamos huir de los calificativos, y hablar mejor en términos de ideas o conceptos. Todos nos enfrentamos con una serie de preguntas fundamentales sobre nuestra existencia y su sentido. En nuestra vida hay siempre un sustrato poderoso de indefensión, de incertidumbre, reflejada sobre todo en nuestro conflicto como seres con el “no ser” de la muerte. Esta frustración es la más poderosa, pero también es sólo una más de todas las que nos impone la existencia. La consecuencia inevitable de esto es el sufrimiento que empaña la vida. El budismo es la herramienta más poderosa que he encontrado para enfrentarse con estas preguntas y este sufrimiento. Esto es curioso, porque más que solucionar nuestras dudas, lo que hace en realidad es obligarnos a discutir racionalmente los términos en que estas deben plantearse. Al final, lo que se descubre sobre todo es que esas preguntas no tienen sentido tal como solemos formularlas. Es un proceso largo, pero que abre nuestros ojos a una visión nueva del mundo y de nuestra propia identidad.
¿Y no es este un camino de liberación despegado de la realidad social, excesivamente “interior”, por decirlo de alguna manera?
Desde posiciones de izquierdas, se ha enfatizado muchas veces este carácter “interior” del proceso y esto ha llevado a calificar el budismo como reaccionario. Yo creo que no es así. Ese camino “interior” implica en realidad un replanteamiento de todo nuestro comportamiento en una dirección que a mí me parece en realidad profundamente revolucionaria. No estoy hablando aquí del budismo organizado de ninguna escuela ni secta, sino de la reflexión crítica sobre el mensaje de las escrituras budistas.
¿Cree posible entonces una convergencia con el pensamiento de izquierdas?
Este pensamiento propone con mucha razón que el sufrimiento que existe hoy en el mundo está motivado en su mayor parte por unas estructuras sociales injustas y opresivas que han transformado al ser humano en una caricatura de lo que podría ser. El del budismo y este son dos análisis que parecen muy distintos, pero yo creo que simplemente aportan dos perspectivas diferentes, y las dos correctas, sobre un mismo paisaje. En términos prácticos, además, el comportamiento que nos proponen puede llevar al mismo resultado. La refundación interior que nos propone el budismo va necesariamente paralela de una refundación de todas las relaciones sociales, y puede conducir a una sociedad distinta.
Algo parecido parece que dicen los cristianos para el socialismo. ¿Por qué le ha interesado a usted el budismo?
Cuanto más me familiarizo con la psicología y la visión del mundo que el budismo nos propone, más atractivas me resultan. Es un potencial profundamente liberador que no me canso de explorar. Esa es una opción puramente personal.
Hay en la primera parte de su nuevo libro, Subhuti, una presentación bastante ortodoxa de la doctrina budista, pero...
Bueno. No estoy completamente de acuerdo. El tratamiento que se hace, por ejemplo, de la reencarnación no es demasiado ortodoxo, y trata de poner de manifiesto la insoluble contradicción que este concepto introduce en el pensamiento budista. A mi juicio, la incorporación de la reencarnación o el renacimiento en la doctrina budista supuso un terrible error que debilita su coherencia. Así, opté por imaginar una escuela que en aquellos lejanos siglos defendía un pensamiento mucho más razonable.Bien, de acuerdo. Pero de todas formas, donde apreciamos elementos más heterodoxos es en la parte central del libro, cuando Subhuti vive en la ciudad. Surge ahí una exaltación del erotismo que no resulta habitual en los escritos budistas...Yo tampoco hablaría de heterodoxia. Podríamos decir que esta parte del libro supone la incorporación a la doctrina planteada al principio de él de un elemento tántrico que tampoco es ajeno a algunas variantes del budismo. Lo que se trata de expresar es que en algunos casos, como el del personaje Subhuti, el sendero de la liberación interior tiene que incorporar necesariamente elementos eróticos. Algún psicoanalista diría que Subhuti tenía un carácter freudiano.
Su libro anterior, Recuerda, era un repaso a la historia universal en clave budista. En Subhuti, todo se reduce a la historia de un hombre: ¿macrocosmos y microcosmos?
Pues no se me había ocurrido pensarlo, pero es así ciertamente. Al final de mi libro de Asia hay un sutra budista que ahora pienso que significaba el comienzo de una época en que todo lo que escribo trata de reflejar lo que el budismo ha aportado a mi visión del mundo. Ahora veo que Recuerda trata de ser una especie de biografía de la voluntad, y tenía que empezar por ello con el big bang y las galaxias, y seguir con la Tierra y la evolución biológica, y terminar en la historia del hombre y la sociedad que construimos aquí entre todos. El objetivo era tratar de verlo todo, con una mirada budista, como los artificios de una voluntad encadenada en el devenir. Tras este empeño tan ambicioso, realmente demasiado ambicioso, Subhuti es el retorno a la aparente simplicidad de una historia humana sepultada en el tiempo. Ahora pienso que sacando a Subhuti del olvido en realidad me proyectaba a mi mismo en ese olvido que es nuestro destino inevitable. Y al final detrás de todo está siempre la voluntad inventando una identidad en el tiempo. Ahora veo los dos proyectos como expresión de una única idea: escapar de ese engaño.
Dentro de ese esquema ¿que papel juegan los poemas últimos de Recuerda, con su crítica despiadada de las estructuras de dominación y alienación del mundo actual y su apuesta por una transformación de la sociedad?
Lo que acabo de decir, que seguro que a muchos les parece muy abstruso, puede enunciarse de una forma muy sencilla. El objetivo de estos libros, y casi me atrevería a decir que del budismo, es combatir y desenmascarar la mentira y eliminar el sufrimiento que produce. El hecho es que nuestra sociedad, con sus estados, sus ejércitos, sus saqueos y sus medios de desinformación, es una máquina portentosa de producción de mentira, violencia y sufrimiento. Nadie puede permanecer indiferente ante esto, y alguien que esté influido por el budismo menos. Tenga en cuenta que el budismo nos hace sentirnos profundamente solidarios con todos los seres. Yo creo que esto le permite entender el tono de los poemas del final de Recuerda.
Poemas que abogan por la transformación social. ¿Cree usted que es esa la misión de la literatura?.
Es indudable que ese puede ser un objetivo legítimo e importante de la literatura. Pocos más nobles se le pueden encontrar. Pero esto no debería servirnos para descalificar a priori cualquier literatura que no se comprometa con ello. El arte es algo demasiado complejo para encorsetarlo en un objetivo exclusivo, aunque este sea tan hermoso como la mejora de la sociedad. Quevedo era espantosamente reaccionario y seguimos leyendo bastantes cosas suyas con provecho.